martes, 12 de octubre de 2010

Palabras...


Nacen al ser pronunciadas,

Y mueren al mismo tiempo.

Sonidos, símbolos que pueden halagar

De igual manera que pueden destruir.

Transforman una insípida idea

En una imagen de mil sabores.

Se esfuman cual polvo de hadas en el bosque,

Pero hay unas que se impregnan

Como el olor de un buen cigarro en la ropa.

viernes, 8 de octubre de 2010

Azul

Sutil como una pluma; inmenso si te le quedas observando mucho tiempo.
Como un jalón de cabello cuando es muy chillante, pero cuando los ojos se acostumbran, es una dosis de droga que satisface mis sentidos.
Transmite paz para unos, a otros tristeza. Yo digo que es infinito; algo que se escapa si no lo agarras con fuerza.
Una señal de que aún existe algo más allá.

Querido...


Ángel:

Apúrate, que Dios te está esperando.

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Demonio:

Se la creyó. Ya va para allá.

Profecía del 2067

Señor Presidente de los Estados Unidos.

Es mi deber informarle acerca de algo que le incumbe, ya sé que me tomará como una loca más solicitando su atención, pero me temo que el caos acaba de comenzar.
Mucho humo. Un poco de ácido... nada grave.
Los números no fallan, estoy segura de que será ese año, lo sé. 2067, lo he confirmado con la posición de los astros según las estadísticas de los físicos; para entonces ya estarán en posición los planetas y se hará la colisión.
Además ya varios OVNIS pasaron por la Tierra dejando esas noticias en los campos de maíz... Ingenuos, ¿qué no saben que no habemos muchas personas que los vemos? Claro que lo saben, por eso lo hacen.
Calculo que seremos unos 23,000. Se me hacen las personas suficientes para comenzar de nuevo, más aún si son personas que valgan la pena.
Cada día una catástrofe nueva. Cuando eso suceda, recordaremos ese libro que tantos negaron y que muchos otros alabaron... sí, ese libro que tiene diferentes nombres para cada asociación de crédulos, perdón, cada religión.
Atlántida resurgirá, claro. También las pirámides que se encuentran debajo de algunas iglesias. Ya habrán pasado varias guerras, epidemias y otras cosas que habrán hecho de la raza humana una especie más resistente que la cucaracha. Cosa que si estuvieran algunos científicos de otras eras vieran, nunca lo hubieran imaginado. Así es, la raza humana será entonces de las más poderosas de la galaxia.
Habrá guerras intergalácticas, por supuesto, pero eso será en los últimos años, cuando la Tierra ya se esté desintegrando por el ácido que desprenderá el Sol que se irá haciendo más y más pequeño.
Ya sé, ya sé, yo también creía en los mayas. Eso de ascender a otro nivel de consciencia y de comenzar desde cero en un mundo hermoso sin materialismo, pero mis visiones no fallan y estoy segura de que volveremos a empezar en algo así como una matrix más futurista alimentándonos como si fuésemos una especie de androides con forma de humanos mejorados.

Sin más que decir, querido presidente, espero que su gobierno por fin saque a la luz esos documentos que tanto tiempo ha tenido escondido. Usted sabe de lo que hablo.

Atentamente
Profeta anónima.

Epitafio

Aquí yace una mujer con complejo de navaja suiza. Melómana de corazón, amiga y consejera.

jueves, 7 de octubre de 2010

Vino de Magnolias

Cuenta la luna, que me pidió que divulgara, la historia de una mujer cuyo conocimiento, no salía más allá del horizonte. Se llamaba Rubí.

Pocos sabían de ella, pero la luna, la conocía mejor de lo que creía. Decía que salía de su casa a tomar el té en una mesita de madera carcomida; ella siempre elegante, como si esperara a alguien en especial.

Los lunes colocaba una cruz muy extraña fuera de su puerta, pues creía que eso asustaba a los corredores de bienes raíces. ¿Por qué? No tengo idea. Algunos creen que era porque no le gustaba el protocolo de plática que llevaban.

Pero había algo más peculiar en Rubí, y sucedía los miércoles. Las personas la veían pasar por las calles del mercado con prendas negras al estilo del siglo pasado, con un ramo de flores junto con una botella de vino y una copa.

Las mujeres no le calculaban más de treinta y sin embargo, suponían que iba a visitar a su esposo difunto al panteón. Otras no creían que fuera viuda, es más, no imaginaban siquiera que se hubiese casado, a pesar de su extraña belleza que algunos afirmaban. Otros suponían que iba a tomar fuerzas demoníacas porque la tachaban de hereje por tener una gata negra siempre fuera de su puerta. Los niños decían que iba a ofrecerle vino a los muertos para pasar el rato, ya que no tenía amigos.

La verdad era que Rubí le iba a dejar flores y vino a un hombre que en un tiempo atrás era un escritor. Iba todos los miércoles del mes. La oscura razón por la que la bella Rubí se vestía de luto a dejarle flores y licor a Ernesto, su (ex) tutor de literatura, era porque una semana antes de fallecer, le había prometido que la próxima sesión de literatura le traería su libro de vuelta; un libro que Rubí le había prestado meses atrás.

¡Ay Rubí! Tan materialista; no se le ocurrió jamás que Ernesto la amaba, por su peculiaridad en la escritura y su risa graciosa que sonaba ronca. Pero Rubí no suponía más de el que su simple tutor de literatura, cuyo deber era el de instruirla.

No conocía el amor; no conocía el dolor. Solamente sabía que debía regresar en algún momento, pues nadie duerme para siempre.

-Pero, ¿por qué en el cementerio?, ¿qué no es obvio que ahí habitan los muertos? – pregunté.

Pues es que hace tiempo el Padre Eugenio le había dicho que era el momento de que comenzara su descanso en el cementerio. Entonces Rubí creyó que Ernesto no demoraría mucho, sin embargo, veía que todos vestían de negro en ese lugar y traían flores que colocaban en aquellas piedras, entonces los imitó, y además trajo consigo vino, supongo que para ser original. Desde entonces, Rubí va a visitar la tumba de Ernesto cada miércoles, siempre esperando que por fin le devuelva su libro, mientras que por su ingenua cabeza jamás pasara la palabra matrimonio.

martes, 5 de octubre de 2010

Amanecer


Me provoca calor. Los rojos con los amarillos se juntan en el medio dando un tono naranja como el del árbol de naranjas de la vecina de al lado.
Mis ojos parecen un pincel fluido de un artista de Paris en primavera, dibujando las ondulaciones azules de hasta arriba, como olas en el cielo. Los árboles adornan las esquinas y el sol se va elevando, haciendo que los tonos rojos giren en espiral hasta volverse en ese tono azul violáceo que me recuerda a mi bufanda de noviembre.
Ya amaneció y el sol brilla con una luz cegadora, que muchos dicen amarilla, otros blanca, pero de todos modos, calienta. A lo lejos, el mar que se va iluminando y poco a poco deja ver sus esplendores de mil azules que nos trae cada día, a la misma hora.

Excusas, excusas...

Alejandro ya se había hartado de escucharme y comenzó a evitarme hace unos días. Le había contado todo acerca de ella, mi amada, mi musa... desde el primer instante que me miró en la entrada de la escuela, cuando me fue a preguntar hacia dónde eran su salón de matemáticas, hasta la última tarde que nos cruzamos por la biblioteca y me sonrió porque se había tropezado con una botella de plástico hace dos días.

Gabriela se había vuelto mi primer pensamiento por la mañana y el último de la noche; no sacaba su apariencia esbelta y uniforme de curvas bien formadas y de piel bronceada, que al contraste con sus dientes, blancos como la nieve, resaltaba su color dorado cuando se acercaba al sol. Su olor inconfundible, su risa y su voz aguda como la de una niña de doce, se habían vuelto un método de localización instantánea en el momento que estaba cerca.

Muchas veces intenté hacer conversación con ella, preguntarle cómo está, decirle lo hermosa que lucía con su peinado repetido... cualquier cosa que se me viniera a la cabeza en ese momento, pero sabía muy bien que al momento que quisiera decírselo, no iba a poder hacerlo, pues con tan solo verla, mi voz se hacía débil y las únicas palabras que salían de mi, eran las frases comunes de cortesía.

Intenté hacerme amigo de sus amigas, pregunté acerca de ella a sus profesores, traté de investigar en dónde se encontraba y a qué horas para "casualmente" encontrarme con ella y nos saludáramos... pero eso no era suficiente para mi.

Hablé de esto con mis amigos, a los que ya tenía hartos. Me decían que fuera por ella, pero siempre tenía excusas para no atreverme de una vez. Muchas veces intentaron animarme con decirme que había varios muchachos detrás de ella aparte de mi, pero me inundaba un miedo terrible del rechazo voraz de una dulce mujercita que me inspiraba tanto amor y ternura con una mirada.

Mi tiempo se agota, y mis esperanzas con él. Ensayé durante días una conversación imaginaria que tuve con mi hermana, y me siento cada vez más listo para dar el golpe final: declararle mi amor el día de su cumpleaños. Ya me veo a mi mismo diciéndole lo mucho que espero que me acepte, de lo mucho que la deseo todas las noches junto a mi... pero aún falta un poco, mientras tanto, seguiré ensayando.

viernes, 1 de octubre de 2010

Jacaranda


Ondulaciones interminables
Dibujan el mapa de su vida;
Terminando en una corona
Delicada como las mariposas.

Obstáculo es placer

Me estremezco de emoción de sólo pensar en cómo disfruto mi trabajo.
Fácil, divertido... malvado. Lo más maravilloso es que lo único que tengo que hacer, es estar presente. Son como vacaciones dentro de un cuerpo.
Mi lugar favorito es la cabeza; la vista es muy bonita desde allí. Ah, claro, pero qué descortés, mi nombre es Dolor. Sí, Dolor; el dolor de todos lados, desde la punta de los pies, hasta el último centímetro de cuero cabelludo.
Mi magnitud depende de muchas cosas. Hay veces que puedo ser un obstáculo enorme si me ponen de mal humor. Otras veces suelo aparecerme en el momento más inesperado e inoportuno, cosa que me causa mucha diversión.
Me causa un implacable placer cuando escucho los gritos de los humanos al querer desaparecerme con intentos inútiles al presionar con fuerza el lugar donde me encuentro. Pero, ah, pobre de mí cuando me enfrento a mis enemigos: los antibióticos. Maldita sea la hora en que esa atrocidad pisó este mundo, porque cuando me llega mi momento, me hundo en un horrible agujero de soledad, donde me esfumo para siempre... o al menos eso es lo que creen.